Fresas con crema
Fresas con crema
Por Jazmín Suárez Amador
Acabo de comer una paleta helada, y sentí la frialdad del hielo y la calidez del dulce.
Acabo de comer una paleta helada, y se lo debo a la interacción que tuve en el transporte público, con una señora de la tercera edad cuando me preguntó:
-Mande?
Ella tocó mi bolsa con estampado de fresas, y repitió la misma pregunta tramposa:
- Que si no te han robado las fresas...
Y sonrió.
Yo solamente le devolví una sonrisa y me reí tranquilamente, ante lo que era una broma amable, casual y muy inocente (de esas bromas típicas de los ancianos). No pude evitar sonreír, pues en algún momento tuve varias de esas interacciones con mi abuelita materna, muchas, antes de que trascendiera de ésta vida...
Poco a poco me alejé del asiento de la señora y me acerqué a la puerta para bajar del transporte. Posiblemente aquel encuentro fue frío en apariencia, pero dejó una sensación dulce en mi interior.
Quizá solo quiso ser divertida con una desconocida (yo)... y sin querer me alegró la tarde después del trabajo y me dio una idea de qué comprar ésta noche para saborear (últimamente estoy teniendo antojos nocturnos y estoy cediendo a ellos... no está mal, supongo).
Acabo de comer una paleta helada, y recordé que por la mañana también tuve un momento frío y dulce, al intentar entrar dentro del transporte público que llegó repleto de mujeres a bordo...
Sé que no es educado ni considerado intentar abordar al transporte cuando ya está demasiado lleno, pero mi cuerpo se enfrió ante la posibilidad de quedarme fuera y no llegar a tiempo a mi trabajo, así que aún bajo el riesgo de que las demás mujeres me empujarían hacia afuera, intenté hacerme de un lugar a bordo...
No hubiera podido abordar sin la ayuda de una mujer que me jaló hacia adentro del vagón, mientras me decía:
-súbete, súbete.
Hasta que subí.
Quizá solo fue amable con una desconocida... pero gracias a ella pude llegar a tiempo a mi trabajo... y gracias a ella se cubrió de dulzura la fría incertidumbre... porque hoy por la mañana probé la dulzura de la generosidad... ahí en donde muchas veces reina el egoísmo: en el transporte público. Y me motivó a hacer lo mismo por otras personas, en futuras ocasiones.
Acabo de comer una paleta helada, y descubrí que el frío se lleva bien con la dulzura.

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